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Poética del instante

(…) nuestra fabulación, nuestra innata facultad para hacer simultáneos lo ancestral
y lo novedoso, la madurez y lo incipiente, adquieren en nuestros
días su visibilidad, su plenitud. Aquí va significando para nosotros la
unidad planetaria; ahora, la liberación del tiempo, el punto que vuela.
Lezama Lima

Cuando el ser mirante, aquel que contempla su entorno para evocar, para discurrir sobre sí mismo, para pensarse en su ahora, transforma esa experiencia en el acto de (re)crear ese instante, acontece lo poético. Surge entonces la imagen, y de ella, las diferentes maneras de dialogar con esta nueva imagen, imagen construida para quedarse también en el tiempo y fuera de él, para ser instante, registro de un presente concreto y, a la vez, promesa de atemporalidad.

Lo cotidiano, la memoria, la evocación, el acto de poetizar, son todas experiencias temporales. La muestra El ahora insiste de Camilo Barboza, dialoga con estas ideas justamente desde esa suerte de escritura del instante: elementos que se encuentran distantes en el espacio y tiempo del mundo concreto, para coexistir, para acontecer, en el espacio y tiempo del mundo poético, el espacio y tiempo propio de la imagen poética, el instante.

Páginas de libros, cubiertas de enciclopedias, casetes de betamax, billetes en desuso y fotografías encontradas, entre otros objetos, suceden en un grupo de obras que intentan recuperar – desde el acto de evocar – fragmentos del entorno, de la cotidianidad, construyendo una narrativa que, como sucede en la pieza La malla del ahora, rompen muchas veces la continuidad formal. En otros casos, estos mismos objetos harán justamente lo contrario: servir de elemento referencial formal y conceptual, para establecer un relato del tiempo (por ejemplo, en Efectos políticos de la luz o Aura de muro).

Estas obras-objetos no pretenden trazar un retrato de un tiempo determinado, sino que intentan servir de anclaje con un presente que dice poco o nada, que se siente como hastío, transformando estos elementos del pasado en esbozos de un ahora con rastros de temporalidad ya vivida, trozos de tiempo que construyen, a su vez, un ahora hecho de retazos, de despojos. Hay en estos objetos, rastros nostálgicos de algo que viene a la memoria con esfuerzo. Sin embargo, la singularidad de estas piezas no reside solamente en estos elementos como objetos curiosos, sino también en la forma que van adoptando para ser parte de ese todo donde los trazos, las líneas, los contornos, etc., han construido un único y nuevo objeto que parece no decir nada desde lejos, solo desde lejos.

Otro grupo de piezas insiste mucho más en la relación del ser con el espacio, con el territorio aprehendido y vivido como recorrido o tránsito por los lugares de la memoria: recorrido por el territorio desde una mirada que busca reconocer(se) el espacio habitado, y también, tránsito hacia la infancia que juega a dibujar el espacio, a asirlo visualmente para hacerlo familiar, vivido. El mapa, por ejemplo, como la representación gráfica del gesto de evocar, donde la oscuridad de los pigmentos recuerda la trampa de la memoria, la búsqueda a tientas de un recuerdo que probablemente no existe, un mapa fluvial ficticio – Ríos de Marte, por ejemplo – obligado a ser eso aunque no lo sea. Quizá una cartografía del viaje constante que es la memoria, imágenes móviles, líquidas, escurridizas, donde nada tiene la certeza de ser lo que parece.

En este reciente trabajo de Barboza, se evidencia así la relación poética que establece el ojo del artista con su entorno, su espacio, pero también con su tiempo. Se trata de una narrativa móvil, cambiante, ambigua, como suelen ser las imágenes hechas desde una mirada poética, donde espacio y tiempo juegan con la simultaneidad del instante. Quizá de allí la persistencia del collage, su constante reiteración a lo largo del trabajo de Barboza: el collage sucede como lo hace el instante, donde diferentes tiempos, formas y texturas, coexisten o acontecen en un mismo espacio y se arrojan en la simultaneidad de la imagen. Es una obra que termina de hacerse en la sala misma, casi adquiriendo la misma movilidad del collage, el mismo procedimiento como una suerte de relato museográfico. El recorrido se hace como si se evocara constantemente, un reiterado reconocimiento de formas, objetos, lugares, etc., donde la dinámica de evocar, sostenida bajo la premisa de la semejanza, es el eje central que conecta cada una de las piezas.

Martha Durán • Octubre 2015

El ahora insiste | Camilo Barboza
Centro de Bellas Artes Ateneo de Maracaibo / Teatro Bellas Artes
Maracaibo, Zulia
Octubre – Noviembre, 2015

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