Vectores de lectura: La fotografía heterológica de Gerardo Rojas

Juan Carlos Ledezma, 2012

Podría decirse que el inconsciente de lo digital, la más abstracta
entre las lógicas de la representación, es lo táctil.
Mary Ann Doane, 2005 (1)

Transbordo, transvase, transmisión e incluso trascendencia: todos estos sentidos, contenidos dentro de la idea general de “tránsito”, podrían ser dados a la escalera como símbolo. Y sin embargo, no es sólo como referencia al traspaso de un espacio delimitado a otro que la escalera asume una posición central en esta exposición de Gerardo Rojas. Porque la intención de transgredir los límites de lo que inadvertidamente llamamos realidad es también parte del uso artístico y por lo tanto crítico que Rojas, entrenado como fotógrafo, hace del objeto cotidiano: la escalera remite al hecho de que ahora, dados los nuevos medios de recomposición digital, la fotografía encuentra otro canal a través del cual transitar desde lo objetivo o real a lo ilusorio o imaginable. Es la intención de desarrollar una reflexión, cuando no una gramática transformativa de esa nueva capacidad digital, lo que une a los diferentes objetos de la exposición en un todo coherente.

Esa reflexión encuentra sus momentos puntuales en dos piezas. Una de ellas es la portada de un compendio de las fotografías de Jason Fulford, escaneada por Rojas y convertida, mediante un pro- ceso técnico que involucra el collage digital, en un objeto que duplica pero transforma la articulación física del volumen real. Titulada Libro, texto plagio, la obra tiene su contraparte en la segunda de las piezas puntuales de la muestra, una pieza dividida en tres “textos ordenados” (la frase es del fotógrafo). Se trata de paisajes armados por bandas horizontales, una de las cuales transcurre a lo largo del borde inferior de la imagen y puede ser leída como su primer plano. En todos los “textos”, esa banda es ocupada por la imagen recortada de una autopista cuyo desplazamiento horizontal es puntuado, también en los tres casos, por una escalera parapeteada con listones de madera que se adentra precaria hacia los planos de fondo del paisaje (un renglón verde de vegetación y la distensión del cielo sobre el plano superior). Antes de referirse al motivo, es importante detenerse en su articulación reflexiva: los textos ordenados por Rojas son fragmentos de imágenes digitalizadas, ensamblados mediante procesos que son, ellos mismos, digitales, y por lo tanto no traducen una realidad que exista o haya existido, como tal, en algún sitio específico, sino que la transgreden. Y es acerca de esa realidad plagiada –duplicada y reconstruida: transcrita— que el fotógrafo reflexiona mediante la intersección transformativa entre dos opuestos; esto es, entre la digitalización absoluta o “abstracción pura” y lo que sería, según el epígrafe de este escrito, su inconsciente o reverso: el objeto, o la posibilidad de palpar la consistencia física de las cosas.

Entre ambos extremos se explaya el espectro de lo digital. Y ese espectro, como otros dos momentos puntuales de la muestra lo remarcan, está mediado por la capacidad que la nueva fotografía tendría de dar cuenta de lo que existe. Rojas propone, por un lado, la extremada disgregación de lo visible en nodos de información cromática que conlleva, en la obra Colores, texto GIF, a una otra manera de transcripción visual: la tabulación de los colores que se emplearían en la compresión electrónica de los “textos ordenados” ya descritos, exhibida aquí a escala natural. Por otro lado, esa tabulación ofrece un ángulo inédito desde el cual proponer el cruce entre lo abstracto y lo concreto. Porque es a partir de la reticulación cromática generada en forma electrónica como el fotógrafo, actuando ahora como arquitecto, ensambla de nuevo la escalera que a lo largo de la muestra es usada para señalizar el mundo de los objetos: así en la obra Plano, texto isométrico, la apariencia “real” de la escalera es reclamada, sólo que a la escala “virtual” del dibujo arquitectónico y mediante la impresión translúcida de los colores anteriormente tabulados. A través de estas operaciones (granulación y recorporificación, disgregación y reensamblaje), Rojas suplanta la base analógica de la fotografía tradicional por condiciones digitales que apuntan a lo que podría entenderse como una heretología de la visión: el entrecruzamiento de vectores de lectura que a un mismo tiempo se acercan y distancian de la realidad “objetiva”, de la realidad “en bruto”.

Si la escalera tiene en esta exposición un peso simbólico, éste ha de encontrarse en la doble direccionalidad que ese objeto usualmente permite dentro de un espacio ordenado, subdividido en niveles que, aquí, son los estratos determinados por el contenido variable de realidad que Rojas le inyecta a sus “textos”. Esto explica que la reflexión del fotógrafo sobre la digitalización de lo real tenga uno de sus puntos centrales en esa escalera precariamente construida en los márgenes de una autopista: dicha construcción no sólo cumple en su contexto original con una utilidad básica sino que es también señal –índice, huella— de una realidad social. Que tanto la huella como la realidad a la que señala sea inestable, precaria o marginal puede entenderse desde un punto de vista vinculado tanto con lo sociopolítico como con el discurso teórico desarrollado en el siglo veinte para entender la fotografía analógica (2). Porque la pobreza de esa construcción le permite al fotógrafo construir un símbolo complejo, un símbolo que no sólo remite a la precariedad de lo indicial dentro de las nuevas técnicas digitales, sino que también propone una manera de entender, a partir de esa precariedad misma,
la relación entre digitalización y realidad social: Rojas nos recuerda que, así como la escalera en Libro, texto plagio es cortada en el aire y, por lo tanto, conduce a un destino cuya definición permanece suspendida, quedan abiertas las maneras en que a partir de la digitalización puede generarse una gramática transformativa de esa realidad nuestra que es ahora objeto de una profunda, y muchas veces desconcertante, reconstrucción.

Notas:

(1)
“Indexicality and the Concept of Medium Specificity” (Indicialidad y el concepto de la especificidad del medio), en The Meaning of Photography (El significado de la fotografía), Robin Kelsey y Blake Stimson eds. (Sterling and Francis Clark Institute: Williamstown, Mass., 2008), p. 9. En el mismo texto Doane se re ere a lo digital como “un medio sin materialidad, la abstracción pura encarnada como la alternación serial entre el 0 y el 1, […] el código” (p. 9).

(2)

El término refiere a la relación de analogía entre los gradientes de luz en el contexto físico de la realidad y las variaciones generadas de forma automática sobre una película fotosensible, a partir de las cuales se obtiene el negativo fotográfico. Los teóricos de la fotografía han usado el término “índice”, entendido como la huella o señal de la ocurrencia de un evento (humo=fuego, por ejemplo) para diferenciar la fotografía de otros modos de producción de imágenes. Es esa capacidad de testimonio lo que parece perderse con las técnicas digitales y la posibilidad mayor que éstas ofrecen de trucar la realidad.

Vectores de lectura | Gerardo Rojas
Febrero 26 | Abril 8, 2012
Carmen Araujo Arte

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